Thursday, May 14, 2009

Sobre el sacerdocio y otros oficios

Como reintroducción quiero comentar que ahora sí no prometo nada. Trataré de escribir cuando pueda y quiera, o sea, cuando me den ganas suficientes y exista algún tema que amerite usar mi tiempo aquí en lugar de disfrutarlo con mis seres queridos (entre ellos se cuentan la tele y FIFA06). Hace un par de días me encontraba en la lavandería de aquí cerca, en la que la mayoría de los clientes son latinos, y me distraje un poco con las noticias de "Primer Impacto". Todavía me acuerdo cuando tenía 10 años y visitaba a una tía que tenía cable, no nos podíamos perder ese programa, ni tampoco el de "Ocurrió así", claro, porque nos comía el morbo. El caso es que la noticia principal de esta semana ha sido la relación sentimental que un tal Padre Alberto sostiene con una chica que creo es guatemalteca. Por si no han oído/leído nada, el Padre Alberto está encargado de un templo en Miami, FL además de que tiene un programa de televisión; en una palabra es una persona muy pública. Recientemente se dieron a conocer unas fotografías de este sacerdote con la chica centroamericana en la playa, en posiciones un tanto comprometedoras que han provocado que haya muchos comentarios en la prensa escrita, la radio y la televisión. Se ha informado que muchos de sus feligreses lo apoyan incondicionalmente y han lanzado a la Iglesia una de las típicas cuestiones: ¿por qué los sacerdotes no se pueden casar?
Yo no soy ningún sacerdote, ni teólogo, ni conozco a la Iglesia de pe a pa, pero por este medio quiero dejar en claro lo que más o menos pensamos los católicos* en cuanto al celibato de los sacerdotes.
*Siendo que soy una persona un tanto radical (definitivamente no tanto como me gustaría ser) quiero dar primero MI definición de católico. Muchos sabemos que "católico" significa "universal", puesto que todos estamos llamados a compartir de la misma fe en Jesús; pero, al menos para este escrito, católico es aquél que puede decir el credo y cumplirlo porque tiene pleno conocimiento de la Iglesia católica y se adhiere a sus creencias, no por costumbre sino por convicción.
Ahora que ya he expuesto todos los antecedentes, empecemos con mi comentario que será más bien corto:
Jesús, salvo lo que dice The DaVinci Code de Dan Brown, fue el judío que instituyó la Iglesia poniendo a su amigo Pedro a cargo tan pronto Él se retirara del planeta. Pedro era un hombre casado que dejó a un lado a su familia para dirigir ese proyecto de más o menos ochenta personas que se convertiría en un "leviatán" de más de mil millones de personas (digo leviatán sólo como figura de masa). De aquellos ochenta que iniciaron la Iglesia, unos cuantos dirigían las reuniones y decidían sobre los problemas cotidianos de las pequeñas comunidades que se iban formando. Aquellos dirigentes no tenían un voto de celibato y seguramente muchos estarían casados y tendrían hijos, pero el hecho de haber convivido con Jesús les arrebató el interés de muchas cosas para regalarles una pasión fortísima: hacer crecer la Iglesia. ¿Alguna vez te has metido tanto en algún proyecto que te han encargado en la escuela que prefieres seguir haciendo aquello que incluso ir a las demás clases? ¿Alguna vez te has enamorado? ¿Alguna vez has querido continuar haciendo algo... para siempre? Si has experimentado algo parecido a lo anterior, quiere decir que has experimentado la pasión por algo. Cuando esa pasión se aplica a tu oficio, en términos "católicos" se le llama vocación o llamado. Un sacerdote, quiero decir un real sacerdote, es aquél que ha escuchado el llamado a serlo y siente una pasión desbordante por cumplir su misión. Una pasión que le inhibe la necesidad de relaciones románticas o sexuales. La vocación lamentablemente no es algo que uno escoja, sino que es algo que está dado; no es algo que uno entienda, sino que es algo que está fuera de nuestras manos. El católico entiende que una decisión como la de entrar o no entrar al seminario, continuar o no continuar en el mismo, ser ordenado o no ser ordenado sacerdote, tiene que ser tomada con mucha oración y dejando a un lado las pretensiones personales. Todo esto lo escribo por experiencia propia. Yo quería ser monje, creí tener la vocación para ello, pero después de un buen tiempo de orar, y de escuchar lo más atentamente que pude, me di cuenta que Dios no me quería en ese lugar. Así como a alguien que estudia matemáticas le es muy difícil hacer carrera de escritor, a quien está llamado a la vida matrimonial le es difícil consagrarse como sacerdote, y viceversa. Ser sacerdote no es un sacrificio, es un don, y aunque algunos piensen que ellos sufren por la falta de una mujer, realmente no la necesitan; están hechos para no necesitarla, es una de sus aptitudes. Ahora, ¿por qué una persona que no escucha el verdadero llamado quisiera convertirse en sacerdote? Puede haber razones sicológicas producidas a temprana edad, y también puede haber razones ad hoc con nuestra actual cultura light: un sacerdote es el líder (espiritual) de su comunidad y goza de cierto grado de poder y respeto, nunca estará desempleado, no tiene que buscar casa o pagarla, puede seguir preparándose toda su vida (en las mejores instituciones), puede viajar y tiene montones de tiempo para interiorizar, conocerse y mejorar su persona día con día. ¿No estaría genial ser sacerdote?
Mi diagnóstico en este caso es uno de dos: que el Padre Alberto sucumbió a los deseos carnales porque viene fallándose a sí mismo desde hace un buen rato, o que el Padre Alberto creyó escuchar el llamado pero en realidad sólo quiso escuchar lo que su pensamiento le dictaba.
Para la reflexión: si decimos que creemos en un Dios omnipotente, ¿por qué dudamos de Su capacidad para hacer seres humanos con necesidades carnales diferentes a las de la mayoría?
Para más reflexión: si decimos que creemos en un DIOS, ¿por qué nos aferramos a darle un cerebro igual al nuestro?

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