Imágenes prohibidas
Pese a que las primeras caricaturas de Mahoma aparecieron el pasado septiembre en el periódico danés Jyllands-Posten, el mayor revuelo sobre este tópico se ha vivido durante este inicio de febrero. Las pregunta más comentada es: ¿se debe castigar a una publicación que ejerce su legítimo derecho de libre expresión?, pero yo prefiero la siguiente: ¿la libre expresión tiene límites? Al parecer no, y es que las palabras libertad y derecho se han convertido en las perfectas banderas que los libertinos e irresponsables portan. Si bien es cierto que al tener derechos se adquieren responsabilidades y que la libertad es la inmediata ganancia de esta premisa, en realidad no estamos acostumbrados a considerar a estas tres palabras como tentáculos de un mismo pulpo, sino como situaciones independientes. Un ejemplo muy simple, y al que me voy a referir para el desarrollo de esta nota, es mi indignación cuando no me dieron permiso de ir a un rancho con mis cuates dos días después de una parranda nocturna en la ciudad. Como adolescente inmaduro me pasé la tarde completa fuera de mi casa platicando con mis amigos, luego fuimos al billar, escuchamos música y al final nos metimos al cubil de uno de mis comparsas. Decidimos echarnos unas cheves y nos armamos de valor para ir a la tienda y fingir la mayoría de edad para conseguir el preciado líquido. Ya de vuelta en el territorio seguimos platicando, escuchando música y tomando hasta después de las dos de la madrugada, mi hora límite. Sin tomar en cuenta el reloj terminamos la parranda planeando ir al rancho de uno de mis amigos la tarde del correspondiente pasado mañana. Llego a la casa medio tomadón y al día siguiente me levanto tarde, con el tiempo justo para reunirme con la familia a comer. Durante la reunión abordo el tema del genial plan que tenemos de ir al nombrado rancho y recibo por respuesta un contundente NO. ¿Por qué? ¿cuál es el problema? ya sé, tengo unos malos padres. Lo triste es que el problema soy yo al dejar a un lado las responsabilidades que me brindaron un derecho y ahora exijo que se me retribuya lo que no me he ganado. No actué como un hombre libre, sino como un personaje sin conciencia. ¿Qué relación tiene esto con las caricaturas? Creo que algunos periodistas se pasaron de la raya al publicar algo que va más allá de la libertad de expresión, algo que ofende y denigra a una comunidad, algo que provoca molestia y que lastima la armonía. Actuar en contra de otros no forma parte de la libertad, puesto que la libertad implica responsabilidad, implica estar al tanto de lo que conlleva cada uno de los actos, implica amor. Bien lo dijo el benemérito de las Americas: "el respeto al derecho ajeno es la paz". Del otro lado la respuesta ha sido igual de inconciente, o tal vez peor: manifestaciones violentas, destrucción de bienes, asesinatos. ¿En dónde se va a terminar? Hoy me enteré que en Nigeria murieron al menos 15 personas, siendo en mayoría cristianos; sería muy triste que la iglesia local tomara una actitud vengativa. Pues sí, éste es nuestro mundo, el planeta en el que moraremos hasta nuestra muerte (al menos mi generación y las anteriores), y no estamos dejando llevar por la falta de tolerancia, por ataques y respuestas que nos alejan de lo que es importante. Hoy escribo de un problema mundial, pero podemos hacerlo local: hace días un grupo de "educadores" cerró la carretera México-Puebla para exigir mejores condiciones para los alumnos; los "maestros" dieron clase a la mitad de la carretera para frenar el tráfico. ¿Eso es responsable?, ¿están usando su libertad de expresión? ¿o están abusando de ella convirtiéndola en actividades anárquicas y de cero respeto a los demás ciudadanos? Te lo dejo a tu criterio, porque el mío ya está cansado de leer y darme cuenta que hemos peleado mucho por nuestra libertad, pero la echamos al caño por comodidad, búsqueda de poder o placer.
